Después de los terremotos que afectaron a Venezuela, una pregunta comenzó a repetirse entre habitantes, profesionales y personas preocupadas por la reconstrucción: ¿es seguro volver a construir en La Guaira?
La respuesta no debería reducirse a un simple “sí” o “no”.
Desde el punto de vista de la ingeniería, prácticamente ningún terreno puede calificarse únicamente como “bueno” o “malo” sin estudiar sus características. Lo verdaderamente importante es conocer qué existe debajo de cada construcción, cómo responde ese terreno ante un terremoto y qué tipo de solución estructural y geotécnica requiere.
Y aquí aparece un aspecto fundamental para entender lo ocurrido en algunos sectores de La Guaira: el suelo puede modificar considerablemente la manera en que un terremoto se siente en la superficie.
🪨 ¿Qué hay debajo de La Guaira?
La Guaira se encuentra en una zona geológicamente compleja, entre la montaña y el litoral. A lo largo de la costa existen depósitos de origen aluvial y sedimentario asociados, entre otros procesos, a los materiales transportados por quebradas y cursos de agua.
Investigaciones geofísicas realizadas en La Guaira, Macuto, Caraballeda y Tanaguarena han mostrado que el subsuelo no es uniforme.
Un estudio publicado por investigadores vinculados a FUNVISIS y la Universidad Central de Venezuela identificó diferentes capas de sedimentos y encontró que, en determinados sectores, el basamento rocoso se encuentra a gran profundidad.
Por ejemplo, el estudio reportó profundidades máximas estimadas del basamento de aproximadamente 180 m en Punta de Mulatos, 290 m en el cono de El Cojo, en Macuto, y hasta unos 450 m en la zona costera de Caraballeda.
Esto es importantísimo.
Porque cuando hablamos de que “la roca está profunda”, no significa automáticamente que una edificación tenga que llevar sus pilotes hasta esa roca.
La ingeniería geotécnica no funciona de una manera tan sencilla.
La información ya estaba sobre la mesa
Y aquí aparece una pregunta difícil de ignorar: ¿cómo se podía planificar una reconstrucción sin darle al suelo la importancia que realmente tenía? Mucho antes de las discusiones actuales ya existían investigaciones geofísicas sobre La Guaira, Macuto, Caraballeda y Tanaguarena. Estudios vinculados a FUNVISIS y la Universidad Central de Venezuela habían identificado diferentes capas de sedimentos, un nivel freático aproximadamente entre 5 y 10 metros de profundidad, grandes espesores sedimentarios y períodos fundamentales del suelo que, en buena parte de los conos aluviales, se encontraban aproximadamente entre 0,9 y 1,8 segundos.
Es decir, no se estaba construyendo sobre un terreno cuyo comportamiento sísmico fuera completamente desconocido. Ya existía información que permitía entender que el subsuelo era heterogéneo y que el período del suelo podía ser un factor importante para la respuesta de las edificaciones. Por eso, la pregunta no es solamente si había que construir viviendas, sino cómo se utilizó esa información científica al momento de decidir dónde construir, qué tipo de edificaciones levantar y qué sistemas de cimentación y diseño sísmico adoptar.
Y aquí está la verdadera lección de La Guaira: conocer el suelo no es un lujo de la ingeniería; es parte de la decisión de cómo y dónde construir.
¿Pudo producirse una respuesta dinámica muy intensa desde los primeros segundos del terremoto?
La rapidez con la que algunas edificaciones aparentemente pasaron de estar en pie a sufrir un colapso plantea una pregunta especialmente interesante: ¿pudo existir una interacción particularmente desfavorable entre el movimiento del suelo y el período natural de determinadas estructuras?
Los estudios geofísicos realizados en la zona habían identificado períodos predominantes del suelo que, dependiendo del sector, se encontraban aproximadamente entre 0,9 y 1,8 segundos. Si determinadas edificaciones presentaban períodos fundamentales cercanos, podría haberse producido una amplificación importante de la respuesta dinámica. Sin embargo, esto debe demostrarse mediante el análisis de cada estructura y del movimiento sísmico registrado; la rapidez del colapso, por sí sola, no demuestra que haya ocurrido resonancia.
La pregunta, entonces, no es solamente por qué colapsaron, sino qué ocurrió durante esos primeros segundos entre el suelo, la cimentación y la estructura.
¿Y qué se puede hacer si el suelo es blando y la roca está muy profunda?
La presencia de un suelo blando no significa automáticamente que el terreno deba descartarse para la construcción. Tampoco significa que las cimentaciones profundas tengan que llegar necesariamente hasta el basamento rocoso.
La primera decisión debe partir de una investigación geotécnica detallada, que permita conocer la estratigrafía del terreno, las propiedades de cada capa, el nivel freático, la capacidad portante, los asentamientos esperados y la susceptibilidad a fenómenos como la licuefacción.
Si se trata de edificaciones de baja altura y cargas relativamente moderadas, dependiendo de las condiciones encontradas, podrían estudiarse soluciones de cimentación superficial, como zapatas o losas, siempre que los asentamientos y la capacidad del suelo sean compatibles con el proyecto. En algunos casos, además, puede ser necesario mejorar previamente el terreno.
Cuando las condiciones superficiales no son suficientes, una alternativa puede ser utilizar pilotes que trabajen por fricción o que se apoyen en estratos competentes ubicados a una profundidad razonable. Es decir, el pilote puede desarrollar su capacidad mediante la interacción con los materiales que atraviesa, sin que necesariamente tenga que alcanzar la roca.
Otra posibilidad es el mejoramiento del terreno, mediante técnicas seleccionadas de acuerdo con las características del suelo. Entre ellas pueden encontrarse la densificación, vibrocompactación, columnas de grava, inyecciones, mezclas profundas de suelo u otros tratamientos. El objetivo puede ser aumentar la resistencia y rigidez, reducir asentamientos o disminuir la susceptibilidad a la licuefacción.
En terrenos con condiciones sísmicas particulares también debe estudiarse la respuesta sísmica local, porque un suelo blando puede modificar el movimiento que llega a la estructura. Por eso, el diseño no debería basarse únicamente en conocer la profundidad de la roca, sino en comprender cómo se comporta todo el perfil de suelo situado entre la superficie y el basamento.
¿Entonces podrían construirse edificios bajos?
En determinados sectores y bajo determinadas condiciones, sí podría ser una posibilidad, pero no puede establecerse únicamente a partir de la altura del edificio o de la profundidad de la roca.
Un edificio de pocos pisos genera menores cargas que una torre, pero eso no elimina los problemas geotécnicos. Un edificio bajo también puede experimentar asentamientos diferenciales, pérdida de capacidad portante o problemas asociados a la licuefacción si las condiciones del terreno son desfavorables.
Por eso, la altura del edificio debe ser solamente uno de los elementos que intervienen en la decisión.
La solución puede surgir de combinar:
caracterización del suelo + evaluación sísmica + elección del sistema estructural + tipo de cimentación + posible mejoramiento del terreno + control de asentamientos.
Y aquí aparece una conclusión muy importante para La Guaira:
Que el basamento rocoso se encuentre a gran profundidad no significa que la ciudad no pueda construirse. Significa que la ingeniería debe encontrar, para cada sector y cada proyecto, la solución que sea técnicamente segura y económicamente viable.
Incluso puede ocurrir que dos terrenos ubicados a poca distancia entre sí requieran soluciones de cimentación diferentes, porque la estratigrafía, el nivel freático, la rigidez del suelo y la respuesta sísmica local pueden variar considerablemente.
Por eso, en una eventual reconstrucción, no debería existir una única solución de cimentación para toda La Guaira. La microzonificación y los estudios geotécnicos deberían ayudar a determinar dónde construir, qué tipo de edificaciones son adecuadas y qué soluciones de cimentación y mejoramiento del terreno deben estudiarse en cada zona.
🌎 El edificio no está apoyado simplemente sobre “tierra”
Para diseñar una cimentación hay que conocer las propiedades de los diferentes estratos.
Un terreno puede estar formado, por ejemplo, por:
Cada una de esas capas puede presentar diferentes valores de resistencia, deformabilidad y velocidad de propagación de las ondas sísmicas.
El estudio geofísico mencionado identificó en la zona diferentes capas de sedimentos, incluyendo materiales poco consolidados y otros progresivamente más compactos. También encontró niveles freáticos relativamente superficiales, aproximadamente entre 5 y 10 metros de profundidad en buena parte del área estudiada.
Por eso, no basta con conocer la capacidad portante superficial de un terreno.
En una zona sísmica también interesa saber cómo se comportará el suelo durante un terremoto.
Una pregunta que merece ser investigada
La existencia de esta información geofísica hace inevitable plantear una pregunta: ¿cómo fue incorporado el conocimiento del subsuelo en los procesos de reconstrucción y construcción de viviendas en La Guaira? Esta cuestión adquiere mayor interés a la luz de declaraciones atribuidas a Francisco de Asís “Farruco” Sesto, quien estuvo al frente de organismos relacionados con la política de vivienda y reconstrucción. Según reportó La Gran Aldea, durante una conferencia realizada en Madrid en 2009, Sesto afirmó, al referirse al proceso de construcción de viviendas: “No hacíamos estudios de suelo. Teníamos mucha urgencia por entregar las viviendas”. Esta declaración, por sí sola, no permite afirmar que todos los proyectos de vivienda se hayan ejecutado sin estudios geotécnicos; pero sí plantea una pregunta que merece ser examinada documentalmente: ¿qué estudios de suelo se realizaron en cada proyecto y cómo influyeron sus resultados en la selección del terreno, la cimentación y el diseño estructural?
¿Pudo existir interacción entre el suelo y algunos edificios?
Aquí aparece una de las preguntas más interesantes de esta investigación. Los estudios geofísicos realizados en La Guaira, Macuto y Caraballeda identificaron períodos predominantes del suelo que, en diferentes sectores, se encontraban aproximadamente entre 0,9 y 1,8 segundos.
Si determinados edificios construidos sobre esos terrenos tenían períodos fundamentales cercanos a esos valores, podría haberse producido una interacción dinámica suelo–estructura particularmente importante. En términos sencillos, el terreno y la estructura podrían haber presentado características de vibración semejantes durante el movimiento sísmico.
Sin embargo, sería incorrecto afirmar únicamente con estos datos que esos edificios “entraron en resonancia”. Para demostrarlo sería necesario conocer el período fundamental real de cada estructura y compararlo con el movimiento sísmico que experimentó, incluyendo su espectro de respuesta, duración, contenido frecuencial, amortiguamiento y posible pérdida de rigidez durante el terremoto.
Lo que sí resulta técnicamente relevante es que la información disponible sobre los períodos del suelo permitía identificar zonas donde la interacción dinámica suelo–estructura debía ser estudiada con especial atención. Y esa es precisamente la razón por la que la microzonificación sísmica no debería quedarse en un mapa: debe convertirse en información que influya en el diseño estructural, la cimentación y las decisiones de urbanización.
⚠️ ¿Por qué el suelo puede aumentar el problema?
Cuando una onda sísmica llega desde las capas profundas hacia la superficie, no necesariamente conserva las mismas características.
El movimiento puede modificarse al atravesar diferentes materiales.
Un depósito de sedimentos puede producir fenómenos de amplificación y modificación del movimiento sísmico, dependiendo de sus propiedades y de la relación entre el contenido frecuencial del movimiento y las características dinámicas del suelo.
Y aquí aparece un concepto que me parece especialmente interesante:
⏱️ El período fundamental del suelo
El período fundamental es una característica dinámica del terreno que permite conocer cómo tiende a vibrar ante determinadas excitaciones.
En las investigaciones realizadas en los conos aluviales de la zona de La Guaira se encontraron períodos predominantes aproximadamente entre 0,9 y 1,8 segundos, con valores incluso mayores en algunos sectores. Los investigadores observaron además una relación entre mayores períodos y mayores espesores de sedimentos.
¿Por qué esto es importante para un ingeniero estructural?
Porque las estructuras también tienen períodos naturales de vibración.
Un edificio bajo puede tener un período relativamente corto.
Un edificio alto puede presentar períodos mayores.
Y si las características dinámicas del terreno y de la estructura interactúan de una determinada manera, la respuesta sísmica puede verse modificada.
Por eso, cuando hablamos de reconstruir una ciudad después de un terremoto, no podemos mirar únicamente el edificio.
Tenemos que mirar:
suelo + cimentación + estructura + entorno + amenaza sísmica.
💧 ¿Y qué pasa con la licuación?
Este es otro aspecto que merece especial atención.
En determinados suelos granulares saturados, un terremoto fuerte puede provocar un aumento de las presiones de agua dentro de los poros y una pérdida temporal de resistencia y rigidez del suelo.
Es lo que conocemos como licuación del suelo.
No significa que literalmente el terreno se convierta en un líquido, pero sí que puede perder una parte importante de su capacidad para soportar las cargas durante el evento.
La presencia de niveles freáticos relativamente superficiales hace que este fenómeno deba ser considerado dentro de los estudios geotécnicos correspondientes, particularmente en depósitos susceptibles. El análisis debe realizarse para cada sitio, no simplemente asumir que toda La Guaira presenta el mismo comportamiento.
🏗️ Equipos de Inspección Estructural Recomendados
🏗️ Entonces, ¿se puede volver a construir en La Guaira?
Aquí llegamos a la pregunta que originó toda esta discusión.
El ingeniero geólogo Feliciano De Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, señaló después de los terremotos que técnicamente es posible construir en distintos tipos de suelo si se aplican las soluciones geotécnicas y estructurales correspondientes, pero que en terrenos problemáticos las soluciones pueden resultar mucho más costosas.
Y esta diferencia es fundamental:
Que algo sea técnicamente posible no significa que sea económicamente sencillo.
En determinados terrenos pueden ser necesarias soluciones como:
🔹 Cimentaciones profundas
Son sistemas de cimentación que transmiten las cargas de una estructura hacia estratos de suelo más profundos y competentes, cuando los terrenos superficiales no tienen la capacidad o estabilidad suficiente para soportar adecuadamente la edificación.
🔹 Pilotes
Son elementos estructurales, generalmente de concreto, acero o madera, que se introducen o construyen dentro del terreno para transferir las cargas de la estructura hacia capas más resistentes, mediante resistencia por punta, fricción lateral o una combinación de ambas.
🔹 Mejoramiento del terreno
Conjunto de técnicas destinadas a modificar las propiedades del suelo para aumentar su capacidad portante, reducir asentamientos, mejorar su rigidez y, cuando corresponda, disminuir su susceptibilidad a fenómenos como la licuefacción.
🔹 Densificación
Proceso mediante el cual se reduce el volumen de vacíos del suelo, aumentando la densidad y mejorando su comportamiento mecánico. Puede realizarse mediante compactación, vibrocompactación, compactación dinámica u otras técnicas, según las características del terreno.
🔹 Tratamientos específicos del suelo
Son procedimientos diseñados para corregir una condición particular del terreno. Dependiendo del problema, pueden incluir inyecciones, columnas de grava, mezclas profundas de suelo, drenajes, estabilización química u otras soluciones geotécnicas.
🔹 Estructuras con mayores exigencias de diseño
Son edificaciones para las cuales las condiciones del terreno o la amenaza sísmica requieren un análisis estructural y geotécnico más riguroso, considerando aspectos como mayores demandas sísmicas, interacción suelo-estructura, asentamientos, deformaciones y posibles cambios en las propiedades del suelo.
🔹 Estudios geotécnicos más detallados
Son investigaciones del subsuelo que van más allá de una caracterización básica e incluyen perfiles estratigráficos, propiedades resistentes y deformacionales, nivel freático, capacidad portante, asentamientos y susceptibilidad a fenómenos geotécnicos, entre otros aspectos.
🔹 Estudios geofísicos
Son investigaciones que utilizan métodos físicos para caracterizar el subsuelo sin depender exclusivamente de perforaciones. Pueden proporcionar información sobre velocidades de ondas sísmicas, espesores de estratos, profundidad de interfaces y propiedades dinámicas del terreno.
🔹 Análisis de respuesta sísmica local
Es el estudio de cómo las características particulares del suelo modifican el movimiento sísmico que llega desde la roca o estratos profundos hasta la superficie. Permite evaluar posibles amplificaciones, modificaciones del contenido frecuencial y otros efectos de sitio.
🔹 Controles de calidad más estrictos
Son procedimientos de verificación destinados a comprobar que los materiales, procesos constructivos y trabajos de mejoramiento del terreno cumplen las especificaciones de diseño. Pueden incluir ensayos de compactación, resistencia, densidad, concreto, pilotes y otros controles según el proyecto.
🔹 Supervisión técnica independiente
Es el seguimiento realizado por un profesional o equipo independiente de quienes ejecutan la obra, encargado de verificar que la construcción se realice conforme a los planos, especificaciones, normas y requisitos técnicos establecidos.
Cada una de estas medidas puede aumentar el costo de construcción.
Por eso, para una vivienda de interés social o para proyectos de construcción masiva, la pregunta económica adquiere tanta importancia como la pregunta estructural.
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💰 El verdadero desafío: construir de manera segura y económicamente viable
Esta es quizá una de las conclusiones más importantes.
No se trata simplemente de decir:
“En La Guaira no se puede construir.”
Pero tampoco sería responsable afirmar:
“Se puede reconstruir exactamente como antes.”
La realidad es mucho más compleja.
Hay que determinar qué sectores presentan condiciones geotécnicas diferentes, cuáles requieren estudios adicionales y qué tipo de construcción puede ser técnica y económicamente viable en cada lugar.
De hecho, después de los eventos sísmicos se ha planteado la necesidad de realizar nuevos estudios del suelo para orientar la reconstrucción y la planificación territorial.
🗺️ ¿Toda La Guaira tiene el mismo problema?
No.
Y esta aclaración es fundamental.
La Guaira no debe analizarse como si fuera un único terreno gigantesco con las mismas propiedades en todos sus sectores.
Existen diferencias entre zonas cercanas a la montaña, conos aluviales, sectores costeros y áreas donde el basamento se encuentra a menor profundidad.
Incluso estudios anteriores encontraron diferencias importantes en los períodos predominantes del suelo entre distintos sectores.
Por eso sería mucho más apropiado hablar de:
microzonificación sísmica y geotécnica
que simplemente decir:
“La Guaira es un terreno malo.”
🔎 ¿Qué debería estudiarse antes de reconstruir?
Una reconstrucción responsable debería apoyarse en información técnica actualizada.
Entre los estudios que pueden resultar necesarios están:
🏢 El terremoto también dejó otra pregunta: ¿qué pasó con los edificios?
Aquí hay algo que como ingenieros no podemos olvidar.
Dos edificios construidos en una misma ciudad pueden comportarse de manera muy diferente durante un terremoto.
¿Por qué?
Porque intervienen muchos factores:
- características del suelo;
- cimentación;
- período estructural;
- altura;
- configuración;
- irregularidades;
- sistema resistente;
- calidad de los materiales;
- detallado del acero;
- conexiones;
- modificaciones posteriores;
- mantenimiento;
- y calidad de la construcción.
Por eso, después de un terremoto, no basta con observar dónde colapsó una edificación.
También debemos estudiar:
¿Por qué otras edificaciones permanecieron en pie?
Esas estructuras que sobrevivieron pueden aportar información extraordinariamente valiosa sobre el comportamiento real de la ciudad.
🧠 Reconstruir no debería significar simplemente volver a levantar lo que cayó
Una reconstrucción verdaderamente responsable debería aprovechar la información que dejó el terremoto.
El objetivo no debería ser simplemente reemplazar edificios destruidos por edificios nuevos.
Debería ser:
estudiar → comprender → zonificar → diseñar → construir → supervisar.
Y hacerlo con información geológica, geotécnica y estructural.
Porque si el terreno presenta condiciones especiales, la solución no necesariamente es abandonar el lugar.
La solución puede ser cambiar la manera de construir.
¿La Guaira puede volver a construirse?
La respuesta técnicamente responsable sería:
Sí, pero no sin estudiar primero dónde y cómo.
La existencia de sedimentos profundos, niveles freáticos superficiales o condiciones geotécnicas complejas no significa automáticamente que un territorio sea imposible de urbanizar.
Significa que la ingeniería debe conocer esas condiciones antes de decidir qué construir y cómo cimentarlo.
Y hay una segunda pregunta que muchas veces olvidamos:
¿La solución técnicamente posible también es económicamente viable para la población que necesita vivienda?
Ese puede ser uno de los grandes desafíos de la reconstrucción de La Guaira.
Como señaló Feliciano De Santis, la construcción puede ser técnicamente posible mediante soluciones de ingeniería, pero el costo puede convertirse en una limitación importante.
🏗️ Conclusión
El caso de La Guaira deja una lección que va mucho más allá de reconstruir los edificios que fueron afectados por un terremoto. Reconstruir no debería significar simplemente volver a levantar lo que cayó, sino comprender por qué cayó y qué información puede ayudarnos a evitar que vuelva a ocurrir.
La información geofísica disponible ya mostraba que el subsuelo de La Guaira, Macuto, Caraballeda y Tanaguarena no era uniforme: existían diferentes espesores de sedimentos, niveles freáticos relativamente superficiales y sectores donde el basamento rocoso se encontraba a gran profundidad. Además, se habían identificado períodos predominantes del suelo que, dependiendo del sector, podían encontrarse aproximadamente entre 0,9 y 1,8 segundos.
Estos datos adquieren especial importancia cuando observamos que algunas edificaciones sufrieron daños extremadamente severos o colapsaron durante el terremoto, mientras que otras permanecieron en pie. La rapidez con la que algunas estructuras aparentemente pasaron de estar en pie al colapso plantea una pregunta que merece ser investigada: ¿qué ocurrió durante esos primeros segundos entre el suelo, la cimentación y la estructura?
Una de las hipótesis que debe analizarse es la posible interacción entre el período predominante del suelo y el período natural de determinadas edificaciones. Si ambos fueron cercanos, podría haberse producido una respuesta dinámica particularmente intensa. Pero sería incorrecto atribuir los colapsos exclusivamente a una supuesta resonancia sin estudiar los períodos reales de las estructuras, el movimiento sísmico registrado, sus espectros de respuesta, el amortiguamiento, la evolución de la rigidez y las características de sus sistemas estructurales y de cimentación.
También deben considerarse otros factores: las condiciones geotécnicas, el nivel freático, la susceptibilidad a licuefacción, los asentamientos, el tipo y profundidad de las cimentaciones, la configuración estructural, los materiales, el detallado de los elementos resistentes y la calidad de construcción.
Por eso, quizá la pregunta más importante no sea simplemente “¿por qué colapsaron esos edificios?”, sino:
¿Cuánto de lo ocurrido puede explicarse por la interacción entre el suelo, la cimentación y la estructura?
Responderla requiere pasar de la observación de los daños a una verdadera investigación de ingeniería: estudiar los registros sísmicos, caracterizar nuevamente el subsuelo, determinar los períodos de las edificaciones y analizar su comportamiento estructural.
La lección para una futura reconstrucción es clara: el suelo no puede tratarse como un dato secundario. Una ciudad puede encontrarse sobre terrenos complejos y aun así ser urbanizable, pero las decisiones deben apoyarse en información geológica, geotécnica, geofísica y estructural.
Porque reconstruir de manera responsable no significa simplemente construir nuevamente.
Significa:
estudiar → comprender → zonificar → diseñar → construir → supervisar.
Y, sobre todo, utilizar la información que dejó el terremoto para que la próxima generación de edificios no repita las vulnerabilidades que ya fueron reveladas por el propio terreno y por el propio sismo.
Construir sin estudiar el suelo es construir a ciegas. Y cuando el terreno puede amplificar el movimiento sísmico, generar asentamientos o perder resistencia, la incertidumbre puede convertirse en vulnerabilidad.
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